Capítulo 7
jueves 3 de diciembre de 2009
Otro día más me desperté sin Nessie a mi lado. Ella se pasaba todas las mañanas con Carlisle, vigilando en todo momento qué tal estaba su niña. Una niña… ella estaba segura de ello, pero Carlisle me había dicho que él no podía verlo con ninguno de sus instrumentos, como ya había sucedido durante el embarazo de Bella. La verdad es que no parecía que fuese a tardar mucho en saberlo, por el tamaño que ya tenía Nessie, en un par de días sabríamos qué saldría de allí dentro. Y lo más importante, cómo saldría. Eso era lo que más miedo me daba. Había visto cómo Nessie destrozaba a Bella desde su interior, literalmente. Y ahora no quería revivir ésa situación. Edward evitaba estar en la misma habitación que su hija, y a mí me observaba de una forma que… bueno, sabía que si pudiese me descuartizaría en cuanto me despistase un momento. Él sabía que yo tenía sus mismos miedos sobre el bebé, pero aún así no me perdonaba. Era el mismo fantasma sin vida que había visto hacía años.
Josh se empezó a remover entre las sabanas, se acababa de despertar. Empezó a dar saltos sobre el colchón, era un niño inagotable.
-¡Papi, papi! ¡Quiero galletas! ¡Galletas! – gritaba sin dejar de botar encima de la cama.
En ése momento Emmet entró, como todas las mañanas, para llevar al pequeño con Esme, que le hacía el desayuno todos los días.
-Jake, tápate un poco, tío. Si en lugar de entrar yo fuese Rose, no habría quien la aguantara durante un mes y pasarías a ser el chucho pervertido.
-Eh, estoy en la habitación de Nessie, si entras es culpa tuya, no puedes esperar otra cosa en la habitación de una pareja – repliqué mientras buscaba algo de ropa.
-Buena respuesta… Por cierto, ¿ya has pensado qué vas a hacer en cuanto nazca el bebé? Apuesto lo que quieras a que Rose intentará secuestrarla.
-Pues… dile que ni lo intente, si no quiere acabar con el pelo verde fosforito…
-Sería divertido – me contestó mientras su mente se distraía con la visión de una Rosalie con pinta de chaleco reflectante.
Mientras hablábamos me vestí, e hice lo mismo con Josh, que seguía sin parar de dar vueltas por la habitación.
-La verdad es que… Bueno, espero que todo salga bien y en cuanto nazca podamos volver a nuestra casa. Aquí no se está mal, pero teniendo casa propia y dos niños… Creo que es mejor volver a
-Me parece bien… Por cierto, Alice está organizando una de sus fiestas para dar la bienvenida al crío, y nos ha hecho comprar regalos a todos – una extraña sonrisa apareció en su cara.
-Nos… nos vendrán bien los pañales y esas cosas… - me empezaba a temer algo raro.
-Yo no compré pañales. Es más, lo que he comprado no creo que el bebé pueda utilizarlo en varios años. Y si sale de tu raza, en unos 16 años – su sonrisa se ampliaba a medida que hablaba.
-Venga ya, dímelo de una vez, ¡lo estás deseando! – estaba impacientándome.
Pero alguien llamó a la puerta en aquel momento, y Emmet se libró de contarme su regalo. Alice entró, y tras ella llegó el olor a tortitas recién hechas, proveniente de la cocina.
-Chicos, ya tenéis el desayuno, Nessie ya está abajo, me ha dicho que os avisara.
Asentí con la cabeza mientras cogía en brazos a Josh, sino se pondría a corretear por toda la casa y no llegaría a la cocina. Al pasar por el salón vi a Edward. Estaba observando por una ventana, e hizo como si no se hubiera dado cuenta de todos los que pasábamos por allí en aquel momento. Cada día tenía más conversación con mi… suegro.
-¡Hola, huevo de pascua! – dije cuando llegué a la cocina. Nessie me miró, ya estaba acostumbrada a todos los motes que le ponía cuando la veía. Al principio se enfadaba, pero entre Emmet y no, o se hacía a la idea, o acababa viviendo sola, rodeada de gatos en una cabaña, como un viejo ermitaño.
Josh se sentó en la torre de cojines que le habían puesto sobre la silla para que alcanzara a la mesa y comenzó a devorar su desayuno. Para ser vampiros, había que reconocer que cocinaban muy bien.
-Emmet, ¿aun le estás haciendo sufrir? – preguntó Nessie mientras untaba de sirope de chocolate unas tortitas de Josh
-Pues si, pero no tiene gracia ocultárselo, no se vuelve loco intentando descubrir qué es… Jake, acaba de comer de una vez y vamos a por tu regalo – resopló.
Me comí rápidamente lo que me quedaba en el plato, y Emmet me hizo una seña para que lo siguiese. Empezó a caminar hacia el garaje de la casa. Cada vez me daba más miedo preguntar, en ésta casa de ricos estaban todos locos, y Emmet el que más. Me tapó los ojos con una mano y lo escuché abrir la puerta. Me hizo pasar, y allí me enseñó mi regalo. Debajo de un gigantesco lazo blanco con dibujos de bebés, había un enorme Porsche Cayenne negro.
-Emmet, estás completamente loco… - me había quedado con la boca abierta.
-No, la locura no es compatible con el vampirismo – rió -, pero pensé que ahora te haría falta un coche grande, y ya que tu hace años que no tienes uno propio… Simplemente considéralo un regalo de amigo.
-Pues es genial… - no hablaba, balbuceaba.
Empecé a verlo por todas partes, observando cada una de sus esquinas y remates, todavía estaba anonadado. Pero pronto hubo algo que me sacó de mi estupefacción, para pronto sumirme en otra. Edward había entrado en el garaje y estaba a mi lado.
-Jacob, la niña quiere salir ya – susurró con seriedad.
-¿Nessie está…
-No, todavía no, pero puedo escuchar a la niña, quiere salir, y va a hacer lo que sea para conseguirlo.
Había llegado el momento que los dos habíamos temido tanto.
ºo.O Nere O.oº








